domingo, 15 de abril de 2007

In memoriam: Simón Romero Lozano

Simón Romero Lozano
San Juan de Rioseco 24 de marzo de 1924 
Santiago de Chile 15 de abril de 2007 +

Simón Romero Lozano fue uno de los grandes promotores del proceso de modernización de la educación en América Latina y el Caribe.

Director de la Oficina Regional de Educación de la UNESCO para América Latina y el Caribe entre 1970 y 1975 y luego de 1981 a 1985.

Una de las salas de reuniones del edificio de la UNESCO en Santiago de Chile será designada con su nombre, diversas personalidades del mundo de la educación recuerdan a este profesor de nacionalidad colombiana quien como funcionario de la UNESCO cumplió en forma ejemplar con su desempeño en El Salvador, a fines de los años sesenta durante la guerra con Honduras, y luego en Chile en los inicios de la dictadura militar.

En 1960 inició sus actividades internacionales siendo sucesivamente especialista de la División de Educación de la OEA, experto de la UNESCO en Ecuador, director de programas UNESCO -CEPAL - PNUD de formación de planificadores de Educación y luego Director de la Oficina Regional de UNESCO para América Latina y el Caribe durante dos periodos.

Como precursor y fundador de la Planificación Educativa en la región, Simón Romero Lozano tuvo un rol fundamental en la concepción y ejecución de la etapa inicial del Proyecto Principal de Educación que los países adoptaron como su marco estratégico entre 1980 hasta el año 2000 y que antecedió al actual Proyecto Regional de Educación para América Latina y el Caribe, cuya acción está comprendida entre 2002 y 2017.

Después de dejar la UNESCO fue elegido como Secretario General de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), entre 1988 y 1990.

La Luz eterna y el Amor infinito de nuestro creador acompañe siempre a Simón Romero Lozano.


Kisa Gotami
The Gospel of Buddha. Paul Carus

Kisa Gotami tuvo un único hijo que murió enseguida. En su dolor, llevaba a su hijo muerto a todos los vecinos preguntando por alguna medicina. Y la gente decía "Ha perdido la razón, el niño está muerto". Pero Kisa Gotami encontró a un hombre quien le dijo "no puedo darte una medicina para el niño, aunque conozco a un médico que sí puede". La chica respondió "te lo ruego!, dime quién es". Y el hombre dijo "ves a ver al Sakyamuni, el Buda".

Kisa Gotami fue a ver a Buda y lloró: "Señor y maestro, dame la medicina que pueda curar a mi hijo". El Buda le dijo: "Necesito un puñado de semillas de mostaza". Y cuando la chica en su alegría le respondíó que las traería enseguida, el Buda añadió: "las semillas de mostaza deben ser de una casa en donde nadie haya perdido a un hijo, cónyuge, pariente o amigo".

Kisa Gotami fue por la ciudad de casa en casa, y la gente apenada por ella le decía "¡Aquí hay semillas de mostaza, llévatelas!". Pero cuando ella preguntaba "¿Tienes algún hijo o hija, padre o madre, muertos en tu familia?" ellos le respondían: "quedamos pocos, nuestros muertos son muchos. Mejor no nos recuerdes nuestro gran dolor". Y no había casa alguna en donde no hubieran perdido a algún ser querido.

Kisa Gotami cayó en el cansancio y la desesperanza. Se sentó en el suelo, mirando como las luces de la ciudad parpadeaban hasta apagarse. Al final la oscuridad reinó por todas partes. Y pensó para sí misma, "¡Qué egoísta he sido en mi dolor!. Porque la muerte es común a todos".

Fue al bosque, en donde enterró a su hijo muerto, y volvió para ver al Buda. Tomó refugio en Él y en el Dharma.

El Buda dijo: "La vida de los mortales en este mundo es breve, llena de preocupaciones y combinada con dolor. Porque no hay ningún medio por el cual aquellos que han nacido puedan evitar morir; después de nacer existe la muerte, tal es la naturaleza de los seres vivos. Como frutas maduras pronto están en peligro de caer, así los mortales cuando nacen siempre están en peligro de muerte. Ambos jóvenes y viejos, sabios y tontos, todos caen bajo el poder la muerte; todos están sujetos a la muerte".

"De aquellos que, llevados por la muerte parten de esta vida, el padre no puede salvar a su hijo, ni los parientes a sus cercanos. Señalo esto mientras sé como sus seres queridos los buscan y los lamentan profundamente; uno por uno los mortales son así llevados, como un buey es conducido a la matanza. 

Así el mundo está afligido con la muerte y la decadencia. Por tanto, las personas sabias no se afligen al reconocer las condiciones del mundo. En cualquier manera en que la gente piensa como ocurrirán las cosas, a menudo será diferente de lo que finalmente ocurra, y así grande es la decepción; míralo, tales son las condiciones del mundo.

No desde el llanto ni el lamento obtendrá alguien la paz en la mente; al contrario su dolor será el más grande y su cuerpo sufrirá. Se volverá enfermo y pálido, y los muertos no serán salvados por su lamentación. Las personas fallecen, y su destino después de la muerte será de acuerdo a sus acciones. Si alguien vive cien años o incluso más, finalmente será separado de la compañía de sus seres queridos y dejará la vida en éste mundo. Aquel que busca la paz debe sacar fuera la flecha del lamento, de la queja, del pesar. Aquel que se saca esta flecha y se recompone obtendrá la paz; aquel que ha superado el dolor se volverá libre del dolor, y será bendecido".